jueves, 27 de diciembre de 2012
"Enigma asíatico"
Fragmento de Enigma asiático
Carolin Philipps
"Sentía sobre ella miles de voces estridentes y extrañas. Si estuviera en la luna probablemente no se sentiría más extraña que ahí, en medio de voces desconocidas y signos incomprensibles... /...cuando se ha vivido lo mismo al mismo tiempo en el mismo lugar y en las mismas circunstancias. Sólo entonces se puede comprender realmente."
sábado, 22 de diciembre de 2012
"Laberinto de muerte"
Philip K. Dick
"-No quiero saber nada. No quiero oir nada. -Oyó el balido de su voz débil, parapetada en su ignorancia. El balido de la necedad, de la enorme locura de que era capaz. Lo sabía, lo reconocía cuando se lo decían, pero aún así se empecinaba en actuar de esa manera-. Sé que no soy perfecto. Pero no puedo cambiar. Estoy satisfecho."
Mi regalo de Navidad
Cuento de Navidad
Ray Bradbury
El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando éstos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.
-¿Qué haremos? -Nada, ¿qué podemos hacer?
-¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!
La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.
-Ya se me ocurrirá algo -dijo el padre.
-¿Qué...? -preguntó el niño.
El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:
-Quiero mirar por el ojo de buey.
-Todavía no -dijo el padre-. Más tarde.
-Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.
-Espera un poco -dijo el padre.
El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.
-Hijo mío -dijo-, dentro de medía hora será Navidad.
La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.
-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.
-Sí, sí. todo eso y mucho más -dijo el padre.
-Pero... -empezó a decir la madre.
-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.
Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.
-Ya es casi la hora.
-¿Puedo tener un reloj? -preguntó el niño.
Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.
-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?
-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y tomó al niño de la mano.
Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.
-No entiendo.
-Ya lo entenderás -dijo el padre-. Hemos llegado.
Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.
-Entra, hijo.
-Está oscuro.
-No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro.
Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.
-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.
Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.
"La bicicleta de Sumji"
Fragmento de La bicicleta de Sumji
Amos Oz
"Empecé a recopilar mis pensamientos, tal como mi padre me lo había enseñado a hacer en el momento de tomar una decisión. Me había enseñado a trazar sobre el papel todos los posibles derroteros, junto con los pros y los contras, y borrar uno por uno los menos prometedores, para calificar los restantes de acuerdo con una escala. Pero de poco me serviría un lápiz, ahora que no había luz. En vez de eso, hice una lista de todas las alternativas en mi cabeza..."
"Waslala"
Fragmento de Waslala
Gioconda Belli
"...tomó un libro y, poniendo la cara muy cerca de sus páginas, cerró los ojos. A ella también le gustaba oler los libros. Ahora el olor la transportaba al río, a su infancia en el estudio del abuelo mientras él escribía interrumpiéndose a menudo para hablarle, usarla como interlocutora como si fuera una adulta y no la niña que, sin entender, se quedaba embobada escuchando sus palabras."
sábado, 8 de diciembre de 2012
"La Pasión según G.H."
Fragmento de La pasión según G.H.
Clarice Lispector
"Todo se reducía ferozmente a no dar nunca el primer grito -un primer grito desencadena todos los otros, el primer grito al nacer desencadena una vida, si gritase despertaría a miles de seres gritantes que comenzarían sobre los tejados un coro de gritos y horror. Si gritase desencadenaría la existencia -¿la existencia de qué?, la existencia del mundo. Con reverencia temía la existencia del mundo para mí."
Clarice Lispector
"Todo se reducía ferozmente a no dar nunca el primer grito -un primer grito desencadena todos los otros, el primer grito al nacer desencadena una vida, si gritase despertaría a miles de seres gritantes que comenzarían sobre los tejados un coro de gritos y horror. Si gritase desencadenaría la existencia -¿la existencia de qué?, la existencia del mundo. Con reverencia temía la existencia del mundo para mí."
domingo, 2 de diciembre de 2012
"Saca la lengua"
Fragmento de Saca la lengua
Ma Jian
"Esa vez no temblé para nada. Sonreía mientras la veía desenvolver su sari, luego salté hacia ella y le chupé la piel como si estuviera sediento. Desde esa vez nos volvimos inseparables. Tan pronto como caía la noche la buscaba, siguiendo el aroma de almizcle hasta su cuarto. Aún durante el día podía saber dónde estaba con sólo buscar su aroma en el aire."
"Daba la sensación de que, en esa tierra sagrada, Buda no se había podido salvar ni a sí mismo; entonces, ¿cómo podría salvarme? Mientras, mi fe caía en un pozo, me sentí hueco e indefenso, tan patético como un paciente que saca la lengua y le ruega a su médico que le dé algún diagnóstico."
sábado, 1 de diciembre de 2012
"País de nieve"
Fragmento de País de nieveYasunari Kawabata
"Hablaba febrilmente, como ávida de un interlocutor atento, y poco a poco comenzó a aflorar en su actitud la gracia distraída que delataba a las mujeres dedicadas a los menesteres del placer. Parecía, además, saber todo lo que había que saber de los hombres."
La bailarina de Izu
Fragmento de La bailarina de Izu
Yasunari Kawabata
"Lancé un suspiro de alivio y reí en voz alta. Es una niña... una niña que puede correr desnuda a plena luz del día, sobrecogida por la alegría al encontrarme, alta en punta de pie. Continué riéndome encantado. Sentí la cabeza despejada como si me la hubieran limpiado con un trapo. No podía dejar de sonreir."
"Mil grullas"
Fragmento de Mil grullas
Yasunari Kawabata
"Había lirios japoneses en el nicho. Había lirios siberianos en el obi de la muchacha. Quizás era una coincidencia. Pero los lirios eran las flores más comunes de la estación y, quizás, ella había planeado la combinación."
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