¡Ay! Me sentí tan identificada que llegó a doler.
"Los talleres literarios de mi vida"
Por: Maca Fabry (Revista Interperie)
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jueves, 18 de julio de 2013
sábado, 6 de julio de 2013
viernes, 28 de diciembre de 2012
"Un cuento para año nuevo"
El programa de rTVE propuso para el año nuevo pasado un juego creativo, en el que 12 artistas de diferentes disciplinas crean e interpretan un cuento para televisión. Sobre la base de la historia original escrita por el novelista Juan José Millás, otros once artistas pertenecientes a diversos campos creativos reinterpretan diferentes fragmentos del cuento utilizando el lenguaje propio de su oficio. El resultado fue la película que dejo a continuación:
"Dudas gramaticales"
Dónde resolver dudas gramaticales
en internet
Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) es uno de los
sitios de internet con más recursos para resolver dudas gramaticales. En su sección ‘Recomendaciones’ ofrece asesoramiento sobre el uso
correcto de palabras y expresiones.
ReglasDeOrtografia.com
Web dedicada a la gramática con apartados en los que se repasan palabras dudosas, errores habituales, extranjerismos, siglas y acrónimos, etcétera.
Fundación de la Lengua Española
La web de la Fundación de la Lengua Española ofrece multitud de recursos, como un apartado de consulta de expresiones populares o un blog dedicado a las muletillas.
RAE
Además del diccionario, la web de la Real Academia Española dispone también de un apartado de consultas lingüísticas.
Otros sitios:
Wiktionary.org (diccionario de la Wikipedia)
Espin (Academia Mexicana de la Lengua)
ElCastellano.org
En Twitter
@0RTOGRAFIA
@PorlaOrtografia
@Culturizando
@Larousse_latam
ReglasDeOrtografia.com
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sábado, 8 de diciembre de 2012
sábado, 21 de julio de 2012
"Cómo leer con tus hijos"
Consejos para leer cuentos a los niños:
1.- Para lograr que los niños se interesen por la lectura es importante que vean a los padres leyendo. No es necesario que sólo sean libros, también pueden ser revistas o diarios.
2.- Ofrezca al niño materiales de lectura atractivos y motivantes. Busque libros dirigidos a su edad y con temas que le interesen (cuentos con ilustraciones, de animales, u otros).
3.- El juego es una de las estrategias más efectivas para motivar a los niños a leer. Haga de la lectura un juego. Jugar es la conducta natural que utilizan los niños para comunicarse y está vinculado a los mejores momentos de la infancia.
4.- Acérquelo al mundo de la lectura narrándole alguna historia propia o un cuento antes de dormir. Antes de que se duerma, léale su cuento favorito. También podría contarle alguna historia de su propia infancia.
5.- Léale al niño pensando en él y en lo que más le atraiga del cuento. Detéganse en las partes en que se muestre más interés y coméntelas con él o ella.
6.- Promueva el silencio antes de comenzar. Piense en algún rito para iniciar las lecturas. Puede usar una campanita, una varita mágica, un disfraz, sombrero u otro elemento para caracterizarse.
7.- Invite al niño o niña a entrar en la historia a través de preguntas relacionadas con el libro. Por ejemplo: ¿Qué ve en la portada? ¿De qué cree que se tratará la historia? ¿Quién es el autor? ¿De qué país es el autor? ¿Dónde queda ese país? (tener un mapa y diccionario cerca).
8.- Incentive al niño a que narre un cuento utilizando sus propias palabras y escúchelo sin interrumpirlo. Es importante que el niño o niña utilice sus propias palabras y modo de expresarse. Préstele atención y no lo corrija.
9.- Pídale que termine la historia de otra manera. Léale un cuento corto y luego juegue a encontrarle un final distinto.
10.- Desarrolle su lado emocional y creativo. Ayúdelo a describir qué sienten los personajes de los cuentos.
11.- Visite con él o ella espacios de la ciudad como bibliotecas y museos. Léale información y comente lo que llame su atención del lugar que visitan.
12.- En instancias cotidianas, foméntele la lectura con objetos del entorno. Mientras camina con él o ella por el barrio, jueguen a leer lo que dicen los letreros, carteles o señalética que encuentren en el recorrido.
13.- ¡Jamás haga que sus hijos asocien lectura con castigo! Nunca los reprima y no los haga callarse. No los haga sentir incómodos o poco libres mientras leen en voz alta. Jamás los castigue obligándolos a leer.
De Educación 2020
martes, 24 de abril de 2012
miércoles, 11 de abril de 2012
domingo, 8 de abril de 2012
sábado, 10 de marzo de 2012
jueves, 1 de marzo de 2012
Funciones de un editor
Qué hace un editor (según los editores) y qué debería hacer y no hace (según algunos autores)
de Actualidad Editorial - Observatorio de tendencias y noticias sobre edición.
de Actualidad Editorial - Observatorio de tendencias y noticias sobre edición.
viernes, 23 de diciembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
Brevísimo manual para jóvenes editores
Andrea Palet
Mucho muy lejos me hallo de poder contar experiencias como las de mi admirado Maxwell Perkins, pero ni siquiera ese verdadero Maxwell Smart se refirió nunca a su cuidadosa labor de zapa; lo que se sabe es por su correspondencia privada, hecha pública después de su muerte. El trabajo conjunto con un autor –el corte, pulido, escarmenado y musicalización de un original, la paternidad de las ideas, la organización de un conocimiento para transmitirlo por escrito– es de una intensidad y una intimidad tales que, como los secretos de familia, se resiente al ser expuesto a la luz del día. A la espera de la demencia senil que me hará contar lo que no debo y enseñar lo que no sé, entonces, vayan apenas unos consejos de buena fe para quien se inicia en este oficio de corte y confección invisible.
No todo merece ser un libro. Huye del amigo o la tía con una historia alucinante que cree que debería contar en un libro. No temas desafiar al académico cuyo texto abstruso, árido y tecnicista solo refleja su incapacidad de comunicar. Un blog exitoso puede ser un desastre editorial: el libro supone un modo de recepción que no se ajusta automáticamente a cualquier contenido. Pero también, hoy que todo lo sólido se desvanece en el aire, que un libro pueda existir esencialmente para siempre le confiere una forma de dignidad que sería bueno considerar al momento de evaluar proyectos fugaces y banales.
Un fondo transparente. Tal como para proyectar una película casera buscamos una sábana clara y lisa, el texto debe presentarse limpio y sin obstáculos; los errores son como piedritas o peñascos que adelgazan la confianza y alteran la concentración. Los autores no los ven, y a veces los lectores tampoco, pero la belleza de un libro no es la misma si la muy premiada tipografía no se lee bien, si Juanita se llamaba Adela cien páginas atrás, si los cortes de palabras nos chirrían al oído, si los números no suman, si dice loza cuando debe decir losa, o si una transición simple no se explica sino como un olvido o un milagro en el estado actual de la ciencia.
El zurcidor japonés. Los buenos zurcidores reparan los desgarros con los mismos hilos de la tela original; solo así el resultado es límpido y no se nota la costura. A menos que estés a cargo de una aburrida enciclopedia de arte en fascículos o algo así, reescribe o reemplaza con giros o estructuras que no sean ajenos al estilo ni a la sensibilidad del escritor. Acostumbrar el oído al fraseo ajeno no es tan fácil como suena, pero hay que hacerlo.
Conocer para ignorar. Las normas gráficas y de estilo tienen un sentido y una tradición que obligatoriamente hay que conocer: se trata de mecanismos sofisticados que se están perdiendo en el mar de vulgaridad que nos aplasta. Pero, como dice Kundera en Los testamentos traicionados a propósito de la traducción: “El traductor se considera el embajador de esa autoridad [la del estilo común, del buen francés, el buen español, etc.] ante el autor extranjero. Pero todo autor de cierta valía transgrede el gran estilo, y es en esa transgresión donde se encuentra la originalidad y por lo tanto la razón de ser de su arte”. El español neutro no existe; importan la variedad, el registro personal y local. Y también esa cualidad inefable que es el modo como suenan las palabras según el lugar que ocupen en la página: no es lo mismo “buenos días, tristeza” que “tristeza, buenos días”. Recuerda la marca gloriosa de Miguel de Unamuno a un corrector demasiado apegado a la norma: ¡Ojo!, había escrito el corrector; ¡Oído!, puso encima Unamuno.
Leerlo todo, saberlo todo. La historia del insulto es tan importante como la historia de Roma. Hay que leer las novelas de Corín Tellado. Si crees que el creacionismo tiene que ver con el arte, estamos mal. Al leer enteras las Páginas Amarillas surge un mundo de oficios y actividades que ni siquiera sospechabas que existían. Los horarios de ciertos trenes europeos son un prodigio de edición. Supongo que sabes quién es Andrew Wylie, el que nos niega en el epígrafe. Supongo que lees sesenta, ochenta, cien libros al año. Supongo que se entiende la idea. La única herramienta indispensable del editor es su cabeza, pero debe estar bien amueblada, y eso no se consigue únicamente con literatura sino con una curiosidad interminable.
¿Cómo lo sabe? ¿Comparado con qué? Estas dos preguntas deberían estar en un post-it mental del editor de no ficción. La primera justifica todo el aparato crítico o las notas y bibliografías, para empezar, y la segunda es la base de toda argumentación plausible, que no te enrede en los meandros de una palabrería pirotécnica y jugosa desplegada como un manto sobre su debilidad estructural. Se discute si el editor debe compartir la culpa con el autor de un ensayo lleno de falacias o falsedades: algunos creen que no, yo creo que sí.
Respeta a tus mayores (y menores). Ser educado no solo significa haberte leído tus rusos o tus románticos alemanes a la más tierna edad. Cada marca roja sobre el papel es un “te equivocaste” que al autor le duele; ese dolor puede enmascararse de diversas formas y, sí, los escritores suelen ser imbancables, pero no pierdas de vista que él es el padre de la criatura. Para presionar e imponerse en buena lid hay que estar muy bien preparado y ser riguroso, y la palabra clave es siempre “persuasión”.
¿Cuál es la patria del editor? ¿A quién se debe en último término? El reverso de la recomendación anterior es que tu compromiso debería ser con el lector y el futuro de la obra, no con el autor. El escritor no es un dios; si actúa como tal es simplemente un hombre o una mujer echados a perder. La admiración y, peor, la reverencia por el artista suelen ser malas consejeras en tu trabajo. Si no hubiera sido por su editor, El gran Gatsby se habría titulado, ajj, Trimalchio en West Egg. Si no hubiera sido por Gordon Lish, nadie se acordaría de Raymond Carver. Nunca pierdas de vista el bien social que significa editar y publicar libros, y que cada texto pide una envoltura, un tono y un formato que el autor no necesariamente ve con tanta claridad como tú.
Temple de acero. El talento, la ansiedad y la vanidad son los materiales altamente explosivos con que trabajamos a diario, y para lidiar con ellos no se ha inventado todavía un kevlar que recubra sin dolor nuestros sentimientos. Se ha sabido de casos en que el escritor profesa una sincera gratitud por su editor; incluso hay quienes han manifestado esa gratitud y aun admiración por escrito, aunque cuanto más meloso el reconocimiento más probable es que el editor apenas haya tocado los originales del bendito, le haya hecho caso en todas sus terquedades y le haya pintado un paisaje plagado de premios, ventas y congratulaciones. (Excepcional es Historia de una novela, donde Thomas Wolfe cuenta cómo Max Perkins convirtió en El ángel que nos mira las miles de hojas sueltas que el gigantón le pasó en unas cajas de madera, y cómo el gran editor de Scribner’s le sugirió el tema y la estructura de Del tiempo y el río.) Para contar con los dedos de la mano esos casos, sin embargo, bastará con una desmedrada tertulia de mancos. El reverso de la medalla, escritores despotricando contra los carniceros mala clase que les habrían tocado de editores (como en El simple arte de escribir, de Raymond Chandler), es en cambio más corriente, por el efecto del tercer material explosivo ante todo. Mejor, para tu salud mental, evocar de cuando en cuando las palabras de tu abuelita consolándote de algún tierno chichón de la infancia: “El mundo no es justo, querido mío”.
Sé una digna sombra. La cualidad número uno del editor respetable es la capacidad de quedarse inmensamente callado. Responsabilidad, tacto, oído y un punto de vista personal son indispensables también, pero, precisamente porque cuesta mucho, saber quedarse callado tiene un punto de decencia o nobleza añadido, si es que le atribuimos nobleza a la dificultad. Es duro ser una sombra, y ni siquiera eso te lo van a agradecer, pero si eres editor es porque te gustan los libros, leerlos, tocarlos, rodearte de ellos, pensarlos, crearlos: bien, ésa y no otra ha de ser tu callada recompensa.
Publicado en el número 115 de elmalpensante.com - Diciembre de 2010
sábado, 19 de noviembre de 2011
Sal con una chica que lee
publicado por Ojo Literario el Sábado 28 de Mayo del 2011
Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.
Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.
Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.
Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.
Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.
Por lo menos tiene que intentarlo.
Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.
Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.
¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.
Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.
Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.
Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat yAslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.
O mejor aún, a una que escriba.
www.malpensante.com
viernes, 18 de noviembre de 2011
Los diez derechos
Los diez derechos fundamentales del lector
1. El derecho a no leer.
La libertad de escribir no debe ir acompañada del deber de leer.
2. El derecho a saltarse las páginas.
Uno puede saltarse perfectamente los párrafos, páginas o partes del libro que no le interesan.
3. El derecho a no terminar un libro.
Hay mil motivos para abandonar una novela antes del final: desinterés, sensación de haberla leído antes, no gusta el tema... ¿Un libro se nos cae de la mano? Que se caiga.
4. El derecho a releer.
Se puede releer simplemente por el placer de la repetición, la alegría del reencuentro.
5. El derecho a leer cualquier cosa.
Se pueden leer malos relatos. A cierta edad pueden estimular el vicio de la lectura.
6. El derecho al bovarismo.
La satisfacción inmediata y exclusiva de las sensaciones.
7. El derecho a leer en cualquier lugar.
El metro, el bus si no te mareas, el baño ¿por qué no?.
8. El derecho a hojear.
Tomar cualquier libro y abrirlo por cualquier parte.
9. El derecho a leer en voz alta.
Leer en voz alta es un ejercicio estimulante.
10. El derecho a callarnos.
No es necesario opinar sobre lo que se ha leído.
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